El talento humano en el campo.

March 31, 2017

Los agronegocios, como por ejemplo la ganadería, son un negocio con barreras de entrada altas. Debido a las cuantiosas inversiones que se deben hacer para iniciar, éste sector hace difícil que muchos consigan los recursos suficientes para incursionar en el sector agropecuario. La compra de la tierra, los animales, la siembra de las plantas, los equipos y maquinarias,la infraestructura y demás implementos necesarios hacen de esa inversión inicial, una muy cuantiosa.

 

En Colombia y en muchos países de América Latina ocurre un fenómeno muy curioso. Una vez se logran superar esas barreras, y contrario a lo que pensaría cualquier administrador, ingeniero industrial o inversionista de otro sector, opuesto a esa gran inversión inicial, los empresarios del agro cometen un error, con más frecuencia de la que cualquiera pensaría. Las personas que contratan para cuidar de esa alta inversión se hace en la mayoría de las ocasiones, con personal escasamente preparado; personal con bajo o nivel de escolaridad que raya con el analfabetismo. Personas que trabajan en la mayoría de las ocasiones con gran entusiasmo y compromiso, pero cuyo conocimiento en términos administrativos y técnicos no siempre son de alta calidad.

 

 

 

En adición a lo anterior y solo para empeorar el escenario empresarial, los salarios son muy malos, la capacitación es casi nula, prima la improvisación y la asistencia profesional en la mayoría de las ocasiones inexistente. De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria realizada por el DANE en Colombia, menos del 10% de los productores agropecuarios hacen uso de la asistencia profesional en sus empresas agropecuarias. Para ponerlo de otra manera, este tipo de productores agropecuarios pareciesen estar preparando la receta perfecta para el desastre.

 

En los negocios agropecuarios diferentes al nuestro, como el neozelandés, australiano, estadounidense, canadiense, francés o alemán, los productores agropecuarios no solo son los inversionistas de sus propias empresas, son quienes administran, trabajan la tierra, manejan tractor, construyen cercas, ensilan, alimentan sus animales, reparan y hacen mantenimiento a su maquinaria y llevan las cuentas de su empresa. Devengan salarios decentes, sus trabajadores en varias ocasiones son socios de su empresa y reciben un salario mensual que se deriva de un porcentaje establecido entre ambos sobre la venta de leche. Son ellos quienes llevan el control de cómo va su inversión, en todos y cada uno de los aspectos de su empresa. Son ellos quienes buscan capacitarse, atender a días de campo, hacer ensayos apoyados en las entidades de investigación, desarrollo y extensión. 

 

 

 

Volviendo a nuestro modelo, es evidente que no solo la escolaridad de nuestros empleados es baja, por no decir nula. El pago a los colaboradores es escaso, en algunos casos es inferior al salario mínimo legal vigente, como sucede en varias empresas de Córdoba y cCesar. Adicional a esto, el acceso a la asistencia profesional en el sector es casi inexistente. En algunos casos se limita a chequeos reproductivos ocasionales, visitas de vendedores representantes de productos agropecuarios que sesgan su opinión de acuerdo a la casa comercial que representan; llamadas al vendedor del almacén agropecuario para que recete fármacos por vía telefónica igual que las personas piden al señor de la farmacia que les recete medicamentos, para evitar pagar al médico.

 

Somos desde muchas perspectivas, supremamente injustos con nuestras empresas agropecuarias. Hacemos grandes inversiones para superar las barreras de entrada que el negocio agropecuario supone, y luego contratamos personas con conocimientos insuficientes, como queriendo garantizar que la empresa vaya a la quiebra. Pagamos salarios bajos a personas que se levantan entre 3 y 4 de la mañana a ordeñar nuestros animales o regar las praderas para evitar que las heladas dañen las pasturas, en temperaturas que caen por debajo de 1°C, y no mucho después nos estamos quejando por la dificultad de conseguir mano de obra para que trabaje en el campo. Es hora de reivindicarnos con este baluarte empresarial, el santo grial de nuestras empresas, el Capital Humano.

 

Hace un tiempo atrás, en el Simposio de Empresarios Lecheros de Medellín hacía el símil de la manera en la que grandes empresarios tratan sus empresas, y cómo lo hacen los empresarios del sector lechero. Ya es hora de reaccionar, de parecernos más a los grandes empresarios que buscan a las personas más capacitadas para dirigir sus empresas. A esos empresarios que buscan asistencia para evolucionar su negocio y mantener sus prácticas laborales a la vanguardia. Parecernos a aquellos sectores que no escatiman gastos en capacitar a su personal, para que sea este personal capacitado quien cuide sus inversiones. Empresarios que encargan a personal altamente calificado para que cuiden de sus millonarias inversiones. Empresarios que saben que el peor error es contratar personas con bajas capacidades técnicas, pero que aún peor es tener ese tipo de personas, y no hacer nada al respecto. Es necesario capacitar a las personas lo suficiente como para que sean atractivas para cualquier otra empresa, y tratarlos tan bien como para que no se quieran ir, así como lo dice Sir Richard Branson, multimillonario fundador de Virgin Airlines.

 

Trabajar con personal calificado en temas de reproducción animal, a través de chequeos reproductivos periódicos, ayuda a mejorar indicadores claves en la empresa lechera como lo son la reducción de los días abiertos, la disminución de los servicios por concepción y el establecimiento de protocolos de prevención de enfermedades reproductivas. Trabajar con agrónomos capaces de interpretar un análisis de suelo y diseñar planes de fertilización a corto, mediano y largo plazo puede ahorrarle millones en insumos que no era necesario aplicar, y generar resultados que se traducen en toneladas de materia seca en pastura de buena calidad. Trabajar con nutricionistas especializados en rumiantes le ayuda a ahorrar en costos de alimentación, contribuye a mejorar la composición de su leche (grasa y proteína), influye en la productividad animal, evita problemas reproductivos por carencias nutricionales y finalmente eso se traduce en dinero que usted recibe. Trabajar con administradores de empresas agropecuarias le ayuda a diseñar planes de corto, mediano y largo plazo, a realizar compras de insumos programadas que le permiten en ocasiones generar ahorros en economías de escala. Le permiten también llevar indicadores de gestión, medir y tomar decisiones basadas en la evidencia.  Le ayudan a mejorar el control de inventarios, a medir mejor el desempeño individual de sus colaboradores, proveedores y animales. Todas las anteriores se traducen en dinero para su empresa.

 

Dar incentivos por metas cumplidas, puede ser una forma de incentivar monetariamente el mejoramiento de los indicadores productivos de la empresa agropecuaria, y de mejorar como consecuencia los ingresos totales de la misma, o de reducir sus costos. Capacitar a nuestro personal, puede convertirse en una manera más de mantenerlos motivados y de reducir la rotación del mismo; que en las empresas agropecuarias es una actividad con muy altos costos. Si pensamos en los litros que dejamos de producir mientras que las vacas se acostumbran al nuevo colaborador, o los kilogramos de café que perdemos por una mala recolección, o las toneladas que desperdiciamos en un mal almacenamiento de un forraje mal conservado, mientras ese colaborador aprende cómo realizar correctamente una tarea determinada, nos damos cuenta de lo poco que nos cuesta capacitar al equipo de trabajo y mantenerlos contentos en nuestra empresa.

 

La meta de las empresas agropecuarias, debe estar siempre en generar un empleo de calidad al tiempo que disfrutamos de una actividad rentable, amigable con el medio ambiente y socialmente responsable. Capacite a sus colaboradores, contrate personal altamente calificado para que le asista profesionalmente y genere los resultados que usted quiere ver en su empresa. Motive a sus empleados, pónganse retos conjuntos y premie los resultados positivos, que no solo lo son para quienes reciben bonificaciones, sino lo son para usted. Dejemos de tratar al capital humano como la cenicienta de la empresa lechera, y empecemos a tratarlo como lo que es, el santo grial que merece ser.

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