Los cuatro fundamentos del pastoreo

Hace un par de meses escribí un artículo para la revista infortambo andina Ed. 95, sobre las lecciones del modelo australiano para el manejo de los tiempos de verano. La razón por la cual lo escribí, estaba relacionada con la impotencia que me producía ver a los empresarios ganaderos sufriendo por las duras condiciones climáticas que desde el 2015 estaban afrontando. Pocos estaban preparados y muchos animales murieron o fueron vendidos a causa de la falta de preparación. Lo más preocupante, es que todos los pronósticos agroclimáticos nos muestran que estos fenómenos se van a hacer cada vez más frecuentes. La buena noticia es que hay maneras de sobrellevar estos fenómenos agroclimáticos, pero sobretodo hay maneras en las que los empresarios ganaderos pueden hacer sus ganaderías más rentables. La clave del éxito, está en sus praderas y el manejo que les den.

 

 

 

Llevamos años analizando qué formas hay para hacer nuestras empresas lecheras más rentables. Ya sean lecherías de trópico bajo o trópico alto, la base de la empresa ganadera está constituida por sus praderas, y el sistema de pastoreo que se ejerce en ellas. Sea por sistemas de pastoreo racional voisin, pastoreo agroecológico, silvopastoreo, pastoreo rotacional intensivo o el sistema del Instituto Savory, la clave está en las conocer sus praderas y hacer un correcto manejo de las mismas. Más importante aún, en el manejo del suelo, pues la pradera no es más que una expresión de la condición del suelo.

 

 

 

Debemos utilizar la estrategia de análisis “bottom up”. Empezamos por el suelo, pasamos por la planta y terminamos por el manejo del animal que la consume. Lo primero que debemos hacer para poder establecer una pradera correctamente es realizar un análisis de suelos. Esto nos determinará qué tipo de suelo tenemos, en qué nivel se encuentra su pH, cómo se encuentra en términos de macro y micro minerales. Así entonces podemos elaborar un plan de enmiendas y fertilizaciones (de tipo orgánica o inorgánica) a corto, mediano y largo plazo que nos permitirá generar un presupuesto anual destinado a nutrir el suelo. Igualmente podremos elaborar un cronograma de tareas y con este, poder realizar el cálculo de las cantidades de insumos que requeriremos para realizar dichas tareas. Cuando sabemos de antemano los insumos que vamos a necesitar en un año, se nos abre la posibilidad de tener un mayor poder de negociación al momento de realizar la compra de insumos. Cuando compramos volúmenes más grandes, podemos hacer ahorros basados en las economías de escala.

 

Siguiendo con la planta, y ya sabiendo el estado actual de nuestro suelo, podemos pasar a elegir el tipo de semilla que utilizaremos para establecer nuestras pasturas. Mi recomendación personal es que el uso de semillas perennes tiene muchos más beneficios en el mediano y largo plazo, que los que se generan con uso de semillas anuales. Se requiere una sola inversión en semillas en 10 años, menos labores de labranza (arado, pasado de rastra, siembra, combustible…) por consiguiente menos costos variables asociados al establecimiento y mantenimiento de las pasturas. Adicionalmente, la labranza mínima, permite que la flora microbiológica del suelo se pueda desarrollar de manera adecuada sin necesidad de exponerla cada vez que se ara y voltea el suelo. Dicha flora es indispensable para la buena salud del suelo. Piense en establecer praderas que contengan variedad de plantas, cercas vivas y sombrío.

 

 

 

Siguiendo con la planta, el manejo de la pradera ha cambiado en los últimos años. Abandonamos ya el pastoreo extensivo y pasamos utilizar métodos de manejo que se asemejan a las migraciones en las estepas africanas. Hoy usamos altas cargas animales que pastorean intensamente por muy breves períodos de tiempo. Establecemos praderas multiestratos con mezclas de plantas, grámineas y leguminosas en una misma área. Ofrecemos pastos, ramoneos y sombrío que aumentan la cantidad y calidad de forraje en oferta y alargan el número de horas que el animal pastorea.

 

 

 

Hay cuatro puntos que son indispensables y que debemos manejar correctamente para que nuestra pradera perdure en el tiempo, sea más nutritiva para el animal y se recupere y crezca rápidamente para estar lista de nuevo para ser consumida.

 

El primero es hace referencia al momento indicado para consumir la pastura. El Colombia solemos contar los días para determinar cuándo entrar los animales a consumir una pastura. Aunque práctico, este método es poco riguroso, y en muchas ocasiones nos lleva a consumir praderas semilladas, que contienen altos niveles de lignina y son de poco valor nutritivo. Cada finca es un universo, y las condiciones agroclimáticas varían drásticamente de una a otra. Es por esto que es mejor utilizar indicadores visuales de su pradera y determinar cuál es el momento óptimo en cada rotación.

 

 

 

El momento indicado para consumir la pradera es cuando la planta tiene 2 o 3 hojas (en el caso del rye grass) o cuando el canopi se halla cerrado. El que suceda primero. Cuando la planta tiene entre 3 y 4 hojas, esto quiere decir que la primera hoja ya ha muerto, y que esa parte ya no va a nutrir a nuestros animales. Igualmente, quiere decir que hemos perdido tiempo valioso, pues la planta ya estaba en su momento óptimo de consumo y no la consumimos. El cerramiento de canopi es el momento en el cuál usted, al estar de pie en la pradera, no puede ver el suelo. En este momento, las hojas más cercanas a la tierra, ya no pueden absorber los rayos del sol para crecer, y la tasa de crecimiento de la planta disminuye significativamente.  Este momento exacto, es el preciso para consumir la planta. Si su planta espigó, quiere decir que ya está perdiendo valor nutritivo.

 

De acuerdo con el Ingeniero brasilero Alberto Takashi, la manera de pastorear praderas de trópico alto, se hace más con referencia a su altura, que a los días de maduración. Esto obedece al mismo principio de cerramiento de canopi, y la pérdida de las capacidades fotosintéticas de las hojas bajas que ya no reciben luz. Así entonces, este ingeniero establece alturas de pastoreo de 70 cm para pastos como el Tanzania y Mombasa y alturas de 40 cm para Brachiarias. 

 

El segundo es la intensidad de pastoreo. Cuando usted realiza su presupuesto alimentario o “feed budget”, determina cuál es la cantidad de pasto que deben ofrecer a cada animal al día. De esta manera, y realizando un aforo de la pradera, usted puede ofrecer a sus animales diariamente la cantidad correcta, sin generar desperdicios, pero más importante aún, sin hacer que sus animales aguanten hambre. Existe la teoría del Pastoreo Rotacional Voisin, planteada por Humberto Sorio en la que se deberían generar un número de parcelas que sea del doble del número de días de rotación de su pastura. Pero esto requiere una inversión en cercas, cerramientos, tubería y tanques de agua que es demasiado elevada.

 

Por el contrario, Phil Shannon plantea que lo que se debe tener, es un menor número de parcelas, que son pastoreadas de acuerdo a la cantidad de animales y el aforo de la pradera. El tener un menor número de parcelas de mayor tamaño le permite tener un sistema de rotación más dinámico. No es lo mismo alimentar tres vacas que diez en una hectárea. Es por esto que pocas cercas fijas se pueden subdividir a través de dos cuerdas móviles (una adelante y otra atrás), ofreciendo de manera más precisa la cantidad requerida por el grupo de animales, sin desperdicios ni animales mal alimentados.

 

 

El tercero  hace referencia a la cantidad de pasto que debemos dejar en la pradera. Según Voisin, las reservas de carbohidratos que generan el primer brote, posterior al pastoreo, se encuentran en las raíces. Esta teoría ha sido reevaluada y se ha encontrado que las reservas de esos carbohidratos están en el tallo del sobrante de pasto que dejamos posterior al paso de los animales. Esto quiere decir que la altura del sobrante pasto que dejamos en la pradera debe ser tenida en cuenta. La altura óptima para ryegrasses y kikuyos es de 4 – 5 cm, aproximadamente 4 dedos, mientras que para Tanzania y mombasa es de 20 cm y brachiarias de 10 cm. Respetar esta altura tiene una serie de beneficios. El primer rebrote emerge a una mayor velocidad, lo que resulta en una pradera lista para consumir más rápida. El suelo no queda expuesto a los rayos del sol, ni al golpe directo del agua, y esto repercute en una mayor retención de humedad, menor velocidad de evapotranspiración y menos pérdida de nutrientes por la acción de lavado del agua.

 

La pradera no se agota, y mantiene unas reservas que le permiten perdurar en el tiempo, reduciendo la necesidad de resiembras, y los costos que esto implica. Finalmente, no se produce las formaciones de colchones leñosos en la base de la pradera, que no ofrecen nada de alimento al animal. Si al final de la vuelta de rotación, tiene lugares con excedentes de pastura, que no está en capacidad de consumir, utilice métodos de conservación (ensilaje o henolaje), que le permitan usar esos excedentes en épocas en las que el clima sea adverso. La pastura producida en su finca, sin importar en qué forma la consuma, es su fuente de alimento de menor costo.

 

Finalmente, el cuarto es nutrir de nuevo a su pradera frecuentemente. Evalúe con su agrónomo los requerimientos de su pradera, y provea al suelo con las cantidades necesarias por cada rotación, para que no agote los recursos con los que cuenta su suelo, y por el contrario practique una agricultura regenerativa, que le permita a su suelo mejorar en el tiempo. Tenga en cuenta que los animales defecan y orinan en las praderas, y esto genera un retorno de nutrientes que deben ser tenidos en cuenta. De esta manera usted aplicará solo las cantidades necesarias de fertilizantes y enmiendas, y no malgastará su dinero.

 

 

 

Stan Parsons (1999), citado por José Oscar Sierra Posada en su libro “Producción y manejo agroecológico de pasturas y cultivos forrajeros en el trópico”, dice que solo existen tres maneras en las que una empresa logra aumentar las utilidades de su empresa. 1) Disminuyendo los gastos fijos. 2) Aumentando el número de unidades producidas y vendidas. 3) Aumentando el margen bruto.

 

Mejorar sus praderas apunta a mejorar los puntos dos y tres. Más pasto genera mayor producción de litros de leche por animal al día, lo que repercute en un mayor número de litros vendidos. Igualmente, aumenta el margen, porque una pradera sana, nutritiva y abundante, reduce los costos de suplementación y aumenta el margen bruto por litro producido. Vale la pena aclarar, que cuando se dispone de una buena pastura, la utilización de suplementos se hace más eficiente, pues no solo aumenta directamente la producción de leche, sino que indirectamente aumenta el consumo voluntario de forraje verde, lo que a su vez se traduce en más litros de leche por vaca al día o una mayor ganancia diaria de peso, y una mayor productividad por unidad de área.

 

 

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